Dime que vas a mirarme una noche más, que no vas a desaparecer, que me perdí en tus pupilas y es tarde para volver. La luna brilla arriba y aquí abajo brillamos nosotros, que el cielo no es obstáculo para que no ardamos ni el infierno para que no volemos ¿Qué? Nada, comerme el suelo, mirar al cielo, el whisky sin hielo, mi vida truncada. Aún no conozco mi suerte, no creo que lo haga. me la labro cada día con la punta de los iris, no de las manos, esas solo son para tocarte. La tristeza y el amor correspondido se entrelazan en noches de sexo y poesía. Después de follar no fumo, escribo. Los ojos negros como el alma, la sonrisa torcida, el autoestima en la suela de las zapas. Heridas en las rodillas y en el alma, yo a mi dios le rezo como a mí me da la puta gana. Me dicen "sigue adelante" pero están esperándome en la próxima curva para pincharme las ruedas. No sabían que yo vuelo, inútiles. La muerte me ha mirado a los ojos y ha salido corriendo al descubrir vida en ellos. No somos tan diferentes, yo me dejo las espinillas contra el asfalto por seguirte y tú los nudillos en el espejo por no entenderme, sigo dejándome las uñas en la pared cuando tu espalda está lejos. Tú quemando tus pulmones en ese cenicero, yo el alma en tus ojos. Los puños contra el espejo, el pecho en carne viva, los ojos hambrientos, tu piel bajo las uñas, yo no sé querer a medias. Tus muelas masticando mi corazón, tus manos en mi cintura, el libro antes de dormir, el café que acompaña el último cigarro.
El abrazo de "quédate hasta mañana" y el beso de "ojalá mañana no llegue nunca".
domingo, 29 de marzo de 2015
lunes, 23 de marzo de 2015
Mi planeta emocional.
https://www.youtube.com/watch?v=72xLRYnhxro
El aire es denso en mi planeta emocional,
un segundo más sin ti hubiera sido un suicidio,
no quiero hundirme en sus garras...
Dime que apagarás el sonido de la urbe que me desgarra,
que bajo este cielo pútrido aún queda esperanza.
Háblame de lo que hay más allá de los muros de esta jaula,
dime qué demonios van a escribir en mi esquela cuando muera...
Cuando deje de silbar el viento, cuando deje de sentir, como si lo quisiera...
Quisiera, volar por encima de sus vacías mentes,
cuéntamelo tú, tú que sabes qué se siente...
Llévame, llévame a lo alto, llévame dónde debas,
si tú saltas yo salto,
al precipicio de tus labios que me miran descuidados,
que se descuidan por un momento del lúgubre paisaje de mis ojos enredados
en las venas de tus brazos.
Llévame allí dónde el sol calienta en lugar de hacerse pedazos,
donde brilla el cielo azul y existen los abrazos sin puñales escondidos.
Joder...Demasiado tiempo en este invierno y sin abrigo.
Se que entiendes lo que digo, se que puedes comprender el alma,
por eso el corazón late tan fuerte que parece que se parta,
por sentir el tuyo encima de mi pecho, por bombear ese oleaje en llamas...
Llévame contigo amor, iniciemos el viaje,
llévame tan lejos que olvidemos nuestros nombres,
allí dónde lo único que sepa recordar el hombre sea un
"te amo".
El aire es denso en mi planeta emocional,
un segundo más sin ti hubiera sido un suicidio,
no quiero hundirme en sus garras...
Dime que apagarás el sonido de la urbe que me desgarra,
que bajo este cielo pútrido aún queda esperanza.
Háblame de lo que hay más allá de los muros de esta jaula,
dime qué demonios van a escribir en mi esquela cuando muera...
Cuando deje de silbar el viento, cuando deje de sentir, como si lo quisiera...
Quisiera, volar por encima de sus vacías mentes,
cuéntamelo tú, tú que sabes qué se siente...
Llévame, llévame a lo alto, llévame dónde debas,
si tú saltas yo salto,
al precipicio de tus labios que me miran descuidados,
que se descuidan por un momento del lúgubre paisaje de mis ojos enredados
en las venas de tus brazos.
Llévame allí dónde el sol calienta en lugar de hacerse pedazos,
donde brilla el cielo azul y existen los abrazos sin puñales escondidos.
Joder...Demasiado tiempo en este invierno y sin abrigo.
Se que entiendes lo que digo, se que puedes comprender el alma,
por eso el corazón late tan fuerte que parece que se parta,
por sentir el tuyo encima de mi pecho, por bombear ese oleaje en llamas...
Llévame contigo amor, iniciemos el viaje,
llévame tan lejos que olvidemos nuestros nombres,
allí dónde lo único que sepa recordar el hombre sea un
"te amo".
domingo, 15 de marzo de 2015
De mi mundo al vuestro.
No he encajado nunca. Yo desnudaba a mis muñecas para que hicieran orgías con Ken, nadie me dijo "está bien, cariño". Lo estaba. Nunca acepté sobornos, no quería un "te lo compro y dejas de llorar" y creo que aún no saben por qué lloraba. Cuando llegaba del colegio lo único que me acogía eran libros, enormes montañas de libros acumuladas en los muebles de mi cuarto. Siempre que acababa uno me tumbaba en el suelo, cerraba los ojos y imaginaba como sería mi vida dentro de él. ¿Iba a luchar contra monstruos? Sí, y lo más crudo es que siempre he sabido dónde se hallaban esos temibles monstruos. Yo no abría la puerta del armario porque no me daba miedo, yo sabía que si algo debía asustarme era la voz que me hablaba cuando cerraba la boca. Al final fuimos amigas. Ella y yo. ¿Quién más debía tener cabida aquí dentro? Las niñas hablaban demasiado, querían ser princesas, luego crecían y empezaban a necesitar príncipes. ¿Sabéis? Al cumplir los doce yo solo necesitaba un lugar dónde hablar con las estrellas ¡Qué cojones! Nadie más entendería qué clase de enredaderas crecían en mi mente cuando no era capaz de comprender el lugar en que me hallaba. Rodeada de personas que juraban amarme y que lo hacían, yo miraba distraída la sombra de los árboles y me fugaba con ellas. Así crecí, persiguiendo a Luna, buscando lobos en bosques de pueblo.
No encajo. Es un hecho. El mundo humano no es para mí. No comprendo cómo alguien puede pasar horas hablando de fútbol sin cansarse, o de poesía, quizá de amor o de qué mal está la sociedad. No entiendo como pueden encerrarse en edificios de piedra, edificios altos que deslizan sus muros sobre nuestra cabeza para atraparnos, y lo hacen. Cómo pueden llamar "vida" a un día a día que se basa en ir del trabajo a casa y de casa al trabajo. ¿Quién dijo que debíamos llamar a eso vida? ¿Quién va a venir a decirme que dormir en un colchón lleno de chinches y beber vino del malo no puede hacerme feliz? ¿Por qué debería gastar mi dinero en coches y no en libros? ¿Por qué debería SER FELIZ? ¿Alguien tiene una remota idea de qué significa eso? ¿Es sonreír? ¿Es acaso no llorar? Discúlpenme pero si llamamos felicidad a ser estable, divertido y social, aquí me planto.
No hay nada que me haga más feliz que llorar un domingo a solas frente al balcón. Que vomitar litros de Vodka un sábado a las cuatro de la mañana porque mi cuerpo ya no puede más. Nada me hace más feliz que mandar a la mierda a mi hombre, pegarle y que me devuelva su odio transformado en orgasmos. ¿Dónde queda el amor a la nostalgia? El real, digo. No hablo de querer morir, de poetizar heridas o de presumir de estar rota. Estoy muy entera, muy consciente, y de este modo puedo decir que me resulta infinitamente más placentero estirarme en el suelo y ver pasar las horas que salir a pasear por el centro de mi ciudad rodeada de hologramas perfectamente educados para obedecer.
No voy a encajar nunca. Porque mis noches son sagradas, mi piel cuenta historias que ningún humano creería y mi meta es explotar. No voy a encajar nunca porque no podré hablar de mañanas, ni de luchas ni de ahorros. Tampoco de una casa en la playa ni de hijos, ni de cómo me ha ido en el trabajo. No voy a encajar nunca porque nunca vais a entenderme, ni yo a vosotros.
Porque de mi mundo al vuestro hay diez lunas y un lobo aullando.
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