Dime que vas a mirarme una noche más, que no vas a desaparecer, que me perdí en tus pupilas y es tarde para volver. La luna brilla arriba y aquí abajo brillamos nosotros, que el cielo no es obstáculo para que no ardamos ni el infierno para que no volemos ¿Qué? Nada, comerme el suelo, mirar al cielo, el whisky sin hielo, mi vida truncada. Aún no conozco mi suerte, no creo que lo haga. me la labro cada día con la punta de los iris, no de las manos, esas solo son para tocarte. La tristeza y el amor correspondido se entrelazan en noches de sexo y poesía. Después de follar no fumo, escribo. Los ojos negros como el alma, la sonrisa torcida, el autoestima en la suela de las zapas. Heridas en las rodillas y en el alma, yo a mi dios le rezo como a mí me da la puta gana. Me dicen "sigue adelante" pero están esperándome en la próxima curva para pincharme las ruedas. No sabían que yo vuelo, inútiles. La muerte me ha mirado a los ojos y ha salido corriendo al descubrir vida en ellos. No somos tan diferentes, yo me dejo las espinillas contra el asfalto por seguirte y tú los nudillos en el espejo por no entenderme, sigo dejándome las uñas en la pared cuando tu espalda está lejos. Tú quemando tus pulmones en ese cenicero, yo el alma en tus ojos. Los puños contra el espejo, el pecho en carne viva, los ojos hambrientos, tu piel bajo las uñas, yo no sé querer a medias. Tus muelas masticando mi corazón, tus manos en mi cintura, el libro antes de dormir, el café que acompaña el último cigarro.
El abrazo de "quédate hasta mañana" y el beso de "ojalá mañana no llegue nunca".
No hay comentarios:
Publicar un comentario