domingo, 15 de marzo de 2015

De mi mundo al vuestro.

No he encajado nunca. Yo desnudaba a mis muñecas para que hicieran orgías con Ken, nadie me dijo "está bien, cariño". Lo estaba. Nunca acepté sobornos, no quería un "te lo compro y dejas de llorar" y creo que aún no saben por qué lloraba. Cuando llegaba del colegio lo único que me acogía eran libros, enormes montañas de libros acumuladas en los muebles de mi cuarto. Siempre que acababa uno me tumbaba en el suelo, cerraba los ojos y imaginaba como sería mi vida dentro de él. ¿Iba a luchar contra monstruos? Sí, y lo más crudo es que siempre he sabido dónde se hallaban esos temibles monstruos. Yo no abría la puerta del armario porque no me daba miedo, yo sabía que si algo debía asustarme era la voz que me hablaba cuando cerraba la boca. Al final fuimos amigas. Ella y yo. ¿Quién más debía tener cabida aquí dentro? Las niñas hablaban demasiado, querían ser princesas, luego crecían y empezaban a necesitar príncipes. ¿Sabéis? Al cumplir los doce yo solo necesitaba un lugar dónde hablar con las estrellas ¡Qué cojones! Nadie más entendería qué clase de enredaderas crecían en mi mente cuando no era capaz de comprender el lugar en que me hallaba. Rodeada de personas que juraban amarme y que lo hacían, yo miraba distraída la sombra de los árboles y me fugaba con ellas. Así crecí, persiguiendo a Luna, buscando lobos en bosques de pueblo.
No encajo. Es un hecho. El mundo humano no es para mí. No comprendo cómo alguien puede pasar horas hablando de fútbol sin cansarse, o de poesía, quizá de amor o de qué mal está la sociedad. No entiendo como pueden encerrarse en edificios de piedra, edificios altos que deslizan sus muros sobre nuestra cabeza para atraparnos, y lo hacen. Cómo pueden llamar "vida" a un día a día que se basa en ir del trabajo a casa y de casa al trabajo. ¿Quién dijo que debíamos llamar a eso vida? ¿Quién va a venir a decirme que dormir en un colchón lleno de chinches y beber vino del malo no puede hacerme feliz? ¿Por qué debería gastar mi dinero en coches y no en libros? ¿Por qué debería SER FELIZ? ¿Alguien tiene una remota idea de qué significa eso? ¿Es sonreír? ¿Es acaso no llorar? Discúlpenme pero si llamamos felicidad a ser estable, divertido y social, aquí me planto. 
No hay nada que me haga más feliz que llorar un domingo a solas frente al balcón. Que vomitar litros de Vodka un sábado a las cuatro de la mañana porque mi cuerpo ya no puede más. Nada me hace más feliz que mandar a la mierda a mi hombre, pegarle y que me devuelva su odio transformado en orgasmos. ¿Dónde queda el amor a la nostalgia? El real, digo. No hablo de querer morir, de poetizar heridas o de presumir de estar rota. Estoy muy entera, muy consciente, y de este modo puedo decir que me resulta infinitamente más placentero estirarme en el suelo y ver pasar las horas que salir a pasear por el centro de mi ciudad rodeada de hologramas perfectamente educados para obedecer. 
No voy a encajar nunca. Porque mis noches son sagradas, mi piel cuenta historias que ningún humano creería y mi meta es explotar. No voy a encajar nunca porque no podré hablar de mañanas, ni de luchas ni de ahorros. Tampoco de una casa en la playa ni de hijos, ni de cómo me ha ido en el trabajo. No voy a encajar nunca porque nunca vais a entenderme, ni yo a vosotros. 
Porque de mi mundo al vuestro hay diez lunas y un lobo aullando. 

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