Tú que en tu abrazo enredas mi alma,
anuda tu pensar en mis entrañas
y dime qué escondes en cada mirada.
Se pone el sol entre tus pestañas,
duerme, corazón, duerme
ahora que te velan las estrellas,
descansa sobre mis deseos,
sobre mi ausencia mojada.
Y salta por los tejados de la poca cordura que aún nos queda,
salta y cae con fuerza,
deja huella en mis desvelos...
Eres nube traicionera y mis sueños meces,
me empapas,
estremeces,
jugando a ser tú el viento y yo el barco de vela.
Y la tormenta de tus labios me atrapa.
Y el mundo parece más pequeño,
más humano,
más nuestro,
ahora que te tengo.
El mundo parece un lugar menos extraño,
durmiendo aquí en tu pecho.
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