“Solo una vez más…”
susurra. “Una vez más…” El eco de sus palabras resuena en mi cabeza y me abrazo
a mí misma en un intento frustrado por sentir cariño. Miro al cielo esperando
encontrar una respuesta pero lo único que encuentro son más preguntas. “¿Qué
quieres de mí?” Le escupo a la luna, mis ojos se empañan y en el firmamento
creo vislumbrar el destello de lo que una vez yo fui ¿Cuánto tiempo más podré
con esto? Agarro la rosa que me cuelga del pecho y encerrándola en mi puño la
beso, miles de imágenes me asaltan. Un abrazo de mi madre, mi padre lanzándome
a la piscina, mis hermanas discutiendo, amigos, enemigos, amores
pasados…¿Dónde está la vida? Pregunto en voz alta. “Dime ¿¡Dónde estás!?” rompo
a llorar y me siento como una ola estrellándose en la orilla de una playa
desierta, nadie escucha. Todo aquello que no era capaz de sentir choca contra
mí con la intensidad de los mil golpes que traté de evitar, mil golpes que me
llegan como la respuesta que estaba esperando desde hacía siglos, todo tenía
sentido ahora, quizá no debía buscarlo antes, quizá no debía esperar más de la
vida, pues se resume en algo tan sencillo y difícil como sentir. Sentir que...
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