Salgo del coche y echo a correr, el frío nocturno me invade
meciéndome y salvándome del calor del día, me agacho y me quito los zapatos.
Sigo corriendo, corro tanto que me duelen los pulmones y apenas respiro, me
siento viva. Río. Vuelvo a reír. Freno. Miro al cielo y me pierdo entre las
infinitas estrellas que se pueden observar desde aquí arriba, giro sobre mí
misma extendiendo los brazos y el Universo parece girar conmigo. Doy tantas
vueltas que me mezclo con los astros y ellos conmigo, me acompañan mientras
intento acariciarlos con las puntas de los dedos, comienzo a saltar. Giro y
salto atrapando a las constelaciones que se mueven sobre mí como si también
quisieran tocarme, caigo. Caigo sobre un césped frío y mojado, pienso en lo que
acaba de ocurrir y vuelvo a iniciar mi comedia particular, el aire entra y sale
de mí con más fuerza incluso que mis carcajadas. Huele a campo, a libertad, a
un sábado de verano, huele a incienso y lavanda, a humo y…Cereza ácida. Ladeo
mi cabeza hacia un lado aun sonriendo; “Estás loca” dice. Sus ojos marrones
evitan el contacto con los míos, pero sé que me ve igualmente. No parece
divertirle mi espectáculo, sus facciones se endurecen cuanto más me mira y si
no supiera que suele hacerlo no podría dejar de preguntarme qué está pensando.
Él tiene esa mirada de interrogatorio que parece desnudarte constantemente, los
labios formando una línea recta y la expresión seria. Me uno a su seriedad y
respiro tranquila, momento de euforia superado. “¿Quieres?” dice alargando
hacia mí la botella “Hoy no.” Contesto calmada. Me mira extrañado y encoge los
hombros “Está bien.” Abandona la idea de la botella y se pone de pie
tendiéndome una mano, sin hacer preguntas la acepto y me levanto. Me guía hasta
una colina y frena en seco, estoy desconcertada pero mantengo mi silencio,
confío lo suficiente como para que no me preocupen sus intenciones. Se lleva una mano a la muñeca y desata el pañuelo que hay en ella “Ven, véndame los ojos.” “¿Qué?” “ Nada de preguntas, hazlo.” Me
extraño pero sigo sus instrucciones, le vendo los ojos y lo guío hasta lo más
alto de la colina, frenamos delante de un precipicio y él continúa con sus
órdenes “¿Hemos llegado? Ponme de espaldas a él.” Le giro y queda totalmente de
espaldas al borde de la inmensidad “Dame las manos.” Se las doy y espero.
Como quien juega en el patio de la escuela sonríe y se deja caer
lentamente hacia atrás, le aprieto las manos. “¿¡Qué haces!? ¡Para!” Sigue inclinándose
y comienza a pesar en mis brazos. “¡Por
favor!” Comienza a reír y me tiritan las manos “¡¡Basta!!” Por fin parece que su rostro se relaja y su
cuerpo vuelve a un ángulo normal, se baja la venda de los ojos y sonríe.
¿Sonríe? ¿Cómo puede? Aún con sus manos agarradas a las mías tiro de él y le
alejo del precipicio “¿Estás loco?” Aún no me puedo creer que siga en frente
mío sonriendo como si nada. "Confío en ti, eres fuerte" Susurra. Rompo a llorar. ¿Lo soy?
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